“Las heridas que arrastramos y que a fuerza de convivir con ellas se nos hacen ‘tolerables’ pueden curarse””

“Las heridas que arrastramos y que a fuerza de convivir con ellas se nos hacen ‘tolerables’ pueden curarse””

Me acerque a las constelaciones familiares, hace ya un par de años, a través de una amiga que me habló de ello.

 

En ese momento me pareció interesante, pero ahí se quedó. Pasó un año y por Navidad, desde mi tierra (es decir desde mis orígenes) me enviaron un libro titulado Las Constelaciones Familiares y pensé que ya era hora de prestarle atención al tema, porque las relaciones con mis padres llevaban muchos años siendo difíciles y dolorosas para todos, así que me puse a leerlo…

 

Debo decir que todos tenemos ideas de como somos, del dolor que los otros nos han causado, de los oscuros temores a los que no queremos enfrentarnos, de los “asuntos” que tenemos todavía pendientes y las heridas que parecen haber cicatrizado ya. Pues ocurrió que al leer el libro algo dentro de mi empezó a “revolver” el puchero de la conciencia.

 

Hace ya tiempo decidí que en mi vida quería la verdad, la palabra en si parece un compendio de virtudes que sólo nos puede acarrear cosas buenas… pero aunque esto es cierto, también lo es que a veces la verdad “escuece”, es una de esas cosas que forman un todo indisoluble. Es decir: si quieres la verdad en tu vida, la realidad en tu vida y la fuerza que esta te da, para avanzar y crecer como ser humano… nada te garantiza que sólo vas a contemplar lo que te guste de ti o de los demás… todo viene en un pack o “ves” o no “ves” pero no puedes pretender ver sólo lo agradable.

 

Las constelaciones, para mí, en este momento de mi vida tienen mucho que ver con “ver” mi realidad.

 

Las heridas que arrastramos y que a fuerza de convivir con ellas se nos hacen “tolerables” pueden curarse, esa es la enseñanza que yo he sacado de los dos talleres a los que he acudido. En las dos ocasiones he podido constelar y eso me ha aportado claridad.

 

He experimentado y sigo haciéndolo, que más allá de las explicaciones que mi mente pueda ofrecerme, “algo”, alguna sabiduría o energía de tipo ancestral, muy puro y primitivo, sin ambigüedades… empieza a “colocar ” las piezas que no estaban en su lugar en mis relaciones afectivas, de una manera suave, casi diría que amorosa.



Para explicarlo de un modo muy grafico, que sólo es mi opinión, es como ver una película de tu vida, de tu situación actual pero “sabiendo”, sin lugar a dudas que lo que estás presenciando es real al cien por cien.



Te llevas sorpresas, que en realidad no lo son tanto, pues te das cuenta de que “ya lo sabias”, pero las constelaciones son una herramienta, una ayuda, un atajo, que te permite poder pedir perdón, perdonar, dar amor y recibirlo, decir o escuchar lo que necesitas para poder seguir en tu viaje de la vida.

Por otro lado esta el privilegio de poder presenciar la honestidad y la verdad que sale de unas personas que nunca se han visto, porque algo ocurre en esa sala, un profundo respeto por el dolor de los demás y la certeza de que somos iguales y que eso nos hermana como seres humanos, yo me siento muy agradecida y muy honrada.

Por ultimo me gustaría añadir algo que me gusta mucho de las constelaciones, que es el hecho de que experimentas emociones muy profundas y muy auténticas, llanto, risa, dolor, rencor, enfado… o lo que sea, tanto en tu propio caso, como representando de manera muy generosa para otros… pero eso no supone ninguna carga que te lleves contigo… si has experimentado emociones profundamente negativas como el dolor, la tristeza el abandono etc… cuando se acaba, se acaba, nada se va contigo, solo has sido un conductor, un representante. Y todos experimentamos una sana alegría cuando alguien ha podido perdonar o perdonarse, despedirse. etc.

 

Es una hermosa experiencia, como ser humano, aunque no tengas nada que “resolver”.

 

Y como dijo Susana cuando le comenté que, desde la primera vez que constelé ahora se me presentaban más situaciones que resolver, cuando abres una puerta se abren más.

 

M.D.R. (Girona) 23 de setembre de 2017

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