El abrazo que ahoga, la asfixia emocional de la madre

Dicen que hay amores que matan, y es una buena metáfora para adentrarnos en este tema: el de las madres que ahogan, las que no permiten crecer a sus hijos, hoy principalmente hablaremos de varones, y  que de forma manipulativa, no permiten su desarrollo como personas adultas y les someten para que esten siempre a su lado.

El mayor problema es que la sobreprotección suele confundirse fácilmente con amor materno. Muchas mujeres son alabadas por su entrega a sus hijos, y es fácil en ese contexto esconder personalidades obsesivas, posesivas o sobreprotectoras.

Son madres que anulan a su pareja (muchas veces a la pareja ya le está bien este rol),  y se adueñan de sus hijos, haciendo de los mismos, su forma de vida. Este tipo de madre genera en los hijos unos lazos afectivos (cordón umbilical) muy difíciles de cortar, de manera que el desarrollo psicoemocional de los mismos se retrasa porque se produce una fijación del amor y del deseo hacia la madre, provocando un rechazo inconsciente hacia toda mujer del mundo exterior.

Hay casos de madres castrantes que no les importa que sus hijos enfermen con tal de tenerlos a su lado. Otras son ella mismas las que ayudan a alimentar la enfermedad.

Muchas mujeres son alabadas por su entrega a sus hijos, y es fácil en ese contexto esconder personalidades obsesivas, posesivas o sobreprotectoras.

Se ha dado el caso de una madre que con tal de tener a su hijo drogadicto en casa, ella misma le compraba y le inyectaba la heroína. En ningún momento se le pasó llevarle a un centro de rehabilitación. Así lo mantuvo a su lado prácticamente toda la vida. Otro caso de una madre que anulando al padre, acostaba a su hijo de 27 años con ella cada vez que el hijo sentía crisis de miedo o angustia.

Este tipo de madres, son las que una vez que los hijos están en tratamiento y mejoran, son ellas mismas quienes los retiran de la terapia, a ver si van a curarse y la van a abandonar a ella.

Otro último caso consistió en una madre castrante y viuda que no le importaba que su hijo con 35 años estuviera enfermo de neurosis de angustia, porque así la cuidaría cuando ella fuera vieja. Es complejo el mundo de la madre. Tanto es así que la mayoría de los trastornos mentales tienen que ver con madres excesivamente protectoras y padres prácticamente anulados por una madre posesiva.

Cuando son pequeños, necesitan realizar ellas las tareas cotidianas que corresponden al pequeño, como aprender a vestirse o ducharse, ocasionándole de esta forma serios problemas de aprendizaje y dificultando su autonomía. Este tipo de conducta de la madre impedirá que su hijo sea un ser independiente y con capacidad para desenvolverse socialmente.

Cuando llegan a la edad adulta pueden llegar a tener problemas de personalidad, probablemente se conviertan en personas inseguras y con falta de confianza en sí mismos, incapaces de tomar sus propias decisiones y con dificultad para solucionar los problemas que se le presenten.

Estas actitudes aparecen tanto con los hijos varones como con las hijas pero suelen ser más frecuentes y más conflictivas con los hijos.

Si el hijo está ya casado, la actitud de este tipo de madres suele ser nefasta para el matrimonio. Intentan que el hijo haga lo que ellas quieren sin contar con la nuera y sin respeto ninguno por los planes familiares.

Suelen tener actitudes de celos contra la mujer de sus hijos y establecer verdaderos “tiras y aflojas” con la intención de que el hijo se ponga siempre de parte de ellas y en contra de su mujer. Conseguir esto les da sensación de control y se sienten ganadoras frente a su nuera a la que consideran compite con ellas en influencia sobre su hijo.

Secretamente serían felices si el hijo se separara de su mujer y volviera a estar bajo su cobijo. Y su actitud no pocas veces va encaminada a conseguir este objetivo.

Son verdaderas “mártires” cuando se les contradice, amenazando al hijo con que van a enfermar por su culpa, con que ya no la quiere, creando en los hijos sentimientos de culpa. Hacen referencia a lo mucho que ellas se han sacrificado por sus hijos e intentan crear en ellos remordimientos haciéndoles creer que son hijos desnaturalizados y desagradecidos.

Si existen nietos normalmente intentan controlarlos también, cuestionando todo lo que hace la madre, y tratando de competir con sus madres por su cariño.

Estas madres pueden llegar a ocasionar muchas veces sensación de asfixia en sus hijos, provocándoles situaciones de estrés y dando lugar a trastornos psicológicos como ansiedad, depresión, obsesión…

Para los adultos que han vivido una vida de sobreprotección, un “amor asfixiante”,  y que a menudo tienen que soportar a una madre castradora que no les permite tener relaciones afectivas sanas, provocando rupturas matrimoniales o conflictos de pareja, seria beneficioso un acompañamiento terapéutico,  para poder reencontrarse a si mismos, aprender a darse permisos,  a reconstruir su proceso de maduración, e ir adquiriendo  las herramientas necesarias para gestionar dicha situación y así lograr su independencia y adultez como personas.

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